EN BUSCA DE LOS ORÍGENES DEL HOMBRE

 

LOS MATERIALES ANTROPOLÓGICOS

 

Primera publicación de la teoría del Espacio Antropológico en la revista El BasiliscoEl filósofo D. Gustavo Bueno es el que sostiene estas teorías que intentamos explicar nosotros aquí.    Hemos completado, al fin, el segundo itinerario, el itinerario evolutivo, el que va desde el origen de los primates hasta el hombre actual. Ha sido largo, difícil, confuso y para algunos incluso tedioso.

     Hasta este momento lo que hemos hecho es hablar del origen del hombre teniendo en cuenta los conocimientos que nos aportan distintas ciencias: la biología, la paleontología, la geología, la genética, etc.

    No obstante, las respuestas que nos ofrecen cada una de estas ciencias son parciales, categoriales. No podría ser de otra forma porque cada ciencia se ocupa de un campo limitado de la realidad por eso no alcanzan a ver la idea de hombre. Así, la antropología biológica usa conceptos como el bipedismo o el volumen craneal para caracterizar el rasgo esencial que convierte al hombre en hombre, la antropología cultural, en cambio, destacaría que el rasgo esencial para diferenciar al hombre es el hallazgo de útiles del modo IV o Auriñaciense, o la parición del simbolismo en las representaciones artísticas, etc. De este modo, cada ciencia destacaría un rasgo haciendo consistir en él toda la esencia humana.

Explicar el salto de la animal al hombre es uno de los objetivos más difíciles de la antropología evolutivaExplicar el salto de la animal al hombre es uno de los objetivos más difíciles de la antropología evolutiva     Sin embargo, no existe un rasgo o un momento tal en la evolución humana a partir del cual podamos afirmar que se ha producido el salto entre el animal y el hombre. Si partimos de que el hombre es fruto de la evolución hemos de aceptar que no es uno sino que son múltiples los rasgos tanto anatómicos (bipedismo, volumen craneal, etc.) como culturales (utilización del fuego, los útiles líticos o el lenguaje) los que de  manera gradual pero acumulativa terminan por confluir y entramarse de tal modo que dan como resultado un espacio totalmente nuevo: el espacio antropológico. Cada uno de esos rasgos sean de carácter biológico o cultural carecerían de sentido antropológico por sí solos, pero es justo cuando empiezan a relacionarse de una forma determinada cuando podemos empezar a hablar de hombre y no antes. Eso ocurre en torno al magdaleniense o incluso en el neolítico. Por eso es problemático decir cosas como que el hombre inventó el fuego. El hombre no pudo inventar el fuego porque todavía no era hombre, sino que justamente es la concurrencia del control del fuego, junto con el lenguaje, cierto tipo de labrado de la piedra, etc., cursos operatorios en principios independientes, los que, en su confluencia, posibilitaron y determinaron la aparición del hombre. Por eso mismo no encontraremos lo específicamente humano en ninguno de ellos de forma aislada. Si partimos del reconocimiento de la evolución eso no implica que tengamos que quedarnos prisioneros de una visión biologicista del material antropológico. Existen, pues, dentro de los materiales antropológicos algunos que son meramente Físicos y otros que podríamos llamar Culturales. Como veremos más adelante estructuraremos estos materiales en tres ejes y en dos capas de materiales. Veamos.

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